Cuando el hombre era fuerte y sano

Cuanto más progreso, más nuestros organismos nos reclaman volver a nuestros orígenes. 

En efecto, con la era industrial, han aparecido nuevas patologías, como las enfermedades autoinmunes y crónicas (1). La OMS informa que más de 300 millones de personas en el mundo sufren depresión, con un aumento de más de 18% en diez años (2). En 2016, la obesidad afectaba a  41 millones de niños menores de 5 años, 340 millones de niños y adolescentes con una edad de entre 5 y 19 años y 1900 millones de adultos (3).

El ritmo de vida occidental ha hecho surgir problemáticas que no preocupaban a nuestros ancestros: cómo vencer el estrés, no llevar una vida demasiado sedentaria, satisfacer las necesidades emocionales y alimentarse correctamente.

El elemento fundamental: la alimentación

La cuestión de una alimentación sana y equilibrada se plantea desde el inicio de los tiempos. Hipócrates, el padre de la medicina, recomendaba « que el alimento sea tu primer medicamento » y este consejo, convertido en refrán, ha sido confirmado por la investigación científica reciente.

En los años 1970, tras haber ampliamente estudiado la gastroenterología, el Dr. Walter Voegtlin concluyó que el ser humano solo podría gozar de una salud óptima si seguía la dieta de nuestros primeros ancestros. En su libro The Stone Age Diet (“el régimen de la edad de piedra), explicaba que el genoma humano se podía adaptar a los alimentos consumidos durante siglos. Puede que nuestro ADN no sepa cómo interpretar algunos ingredientes y aditivos modernos, como los presentes en los platos precocinados (4). Es por lo que, el Dr. Voegtlin propuso una alimentación lo más parecida posible a la de los hombres que vivían en la era paleolítica (período que comenzó hace 2,5 millones de años y que finalizó hace 10000 años).

Los principios fundamentales de la dieta paleo

Para conocer cuáles son, ¡obviamente no podemos contar con libros de cocina de aquella época! Pero el sentido común y el estudio de la osamenta encontrada han permitido concluir que tras millones de años siguiendo la alimentación de los monos (plantas crudas, ricas en fibras), los homínidos comieron carne, primero cruda, luego cocinada tras el descubrimiento del fuego hace unos 400.000 años (5).

Así, el Dr. Voegtlin propuso una dieta llamada "régimen paleolítico o paleo", cuyos preceptos seguían el estilo de vida del primer hombre nómada, quien subsistía gracias a la recolección de frutos, la caza y la pesca. 

Desde 2002, el régimen paleo ha recibido la aprobación de un gran número de investigadores. Citaremos como ejemplo, Loren Cordain, científico que ejerce en la universidad de Colorado. Escribió en su libro The paleo Diet escrito que se trata de una dieta “para la que estamos programados genéticamente” (4). Opinión que comparte el Dr. Jean Seignalet: en su libro L’alimentation ou la Troisième médecine, dice que ningún otro animal consumía leche en la edad adulta, ni alimentos cocinados, azúcares refinadas o aceites adulterados (1). Estos elementos son ampliamente incluidos en nuestra alimentación moderna.

Entonces ¿qué alimentos consumir para conservar buena salud?

Los principios fundamentales de este régimen ancestral son los siguientes:

  • No consumir cereales, salvo el arroz y el sarraceno,
  • Excluir la leche animal y sus derivados,
  • Dar preferencia a productos crudos y ecológicos, así como aceites vírgenes.

Por lo tanto, la dieta paleolítica es rica en proteínas animales (carne, huevos, moluscos y pescados), en ácidos grasos insaturados como los omega-3, en fibras que provienen de la fruta y legumbres frescas.

Los beneficios clínicamente probados

La investigación se ha interesado en los efectos del estilo de vida paleo sobre el organismo (6-8).

Por ejemplo, tras compararlo con un programa alimenticio concebido para diabéticos de tipo 2, un estudio ha concluido que la dieta paleo mejora la sensación de saciedad y la pérdida de peso (7). Estos resultados han sido igualmente confirmados frente a la dieta mediterránea, a condición de colmar las carencias en vitamina D y calcio que pueden producir la alimentación paleo (9).

Otro ejemplo, con un estudio realizado esta vez en pacientes que presentan un síndrome metabólico (conjunto de signos fisiológicos que aumentan el riesgo de hipertensión, la diabetes tipo 2 y patologías cardiovasculares). Tras dos semanas siguiendo la dieta paleo, los diferentes factores de riesgo mejoraron de forma notable (10).

Al evitar el consumo de alimentos precocinados, el organismo absorbe antes el potasio que el sodio, lo que favorece al bienestar del corazón  y los riñones (11).

¡Podríamos hablar de las ventajas de comer sano durante horas! Pero, ¿sabían que después de seis meses de régimen paleo, sus papilas podrán detectar los sabores artificiales de los refrescos y la "comida basura", probando así que sus ingredientes químicos no son adaptados a nuestra evolución (11)?

CRO®, nuestra barrita energética 100% Paleo

Tras haber estudiado los principios del régimen paleolítico, Anastore ha desarrollado un snack ideal para aumentar la vitalidad entre las comidas: las barritas CRO® que sólo contienen frutas, frutos secos y  frutos rojos, sin conservantes ni aromas artificiales.

Muy apreciados en Oriente Medio, los higos y los dátiles secos son naturalmente energéticas y ricas en fibras, vitaminas y minerales (hierro, calcio…), y favorecen las funciones nerviosas y musculares.

Las almendras, avellanas y nueces, frutos secos con múltiplos beneficios (cardiovasculares, inmunitarias, circulatorias) contienen poderes antioxidantes, como el reveratrol-3-O-glocosida de la almendra que protege la piel.

Los arándanos rojos, frambuesas y moras son los frutos rojos con más contenido en vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes. Para elaborar nuestra barrita energética, han sido liofilizadas. Este proceso de deshidratación permite una conservación óptima y una larga duración de sus propiedades.

Al reunir estos ingredientes naturales y conforme a los principio de la dieta paleolítica, nuestras barritas CRO Paleo constituyen una merienda sana y natural, con sabor sabroso que recuerda al pan de higos, dulce de antaño, rica en fibras y ácidos grasos monoinsaturados.

  1. Seignalet. L’alimentation ou la Troisième médecine. 6ª Edition, Juin 2012. Ed. Inte
  2. http://www.who.int/campaigns/world-health-day/2017/fr/
  3. http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs311/fr/
  4. Fitzgerald M (2014). Diet Cults: The Surprising Fallacy at the Core of Nutrition Fads and a Guide to Healthy Eating for the Rest of Us. Pegasus Books. p. 38. ISBN 978-1-60598-595-4.
  5. Carl Zimmer, « For Evolving Brains, a ‘Paleo’ Diet of Carbs », The New York Times,‎ 13 août 2015
  6. Jönsson et al. (2010) Paleolithic diet is more satiating per calorie than a mediterranean-like diet in individuals with ischemic heart disease. Nutr Metab 7:85.
  7. Jönsson et al. (2013) Subjective satiety and other experiences of a Paleolithic diet compared to a diabetes diet in patients with type 2 diabetes. Nutrition J 12:105.
  8. Jönsson et al. (2009) Beneficial effects of a Paleolithic diet on cardiovascular risk factors in type 2 diabetes: a randomized cross-over pilot study. Cardiov
  9. Klonoff (2009) The beneficial effects of a Paleolithic diet on type 2 diabetes and other risk factors for cardiovascular disease. J Diabetes Sci Technol 3
  10. Boers et al. (2014) Favourable effects of consuming a Palaeolithic type diet on characteristics of the metabolic syndrome: a randomized controlled pilot-study. Lipids Healt
  11. Morgan J. (2015). Dieta Paleo, Descubre cómo bajar de peso, alcanzar salud y bienestar óptimo para siempre. Editorial Imagen.